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MATAR AL CARTERO

La irrupción de la cibernética en nuestro viejo mundo, nos ha sumergido súbitamente en este nuevo mundo donde la velocidad supera a la velocidad misma. Lo virtual es tan real que, para quienes contamos cosas de más de sesenta años atrás, todo lo que nos sorprende, deja de sorprendernos en forma simultánea. A quienes venimos de aquel viejo mundo en el que la correspondencia viajaba en sacas y llegaba en valijas de carteros que llamaban a nuestras puertas, la transformación del arte de comunicarse a distancia nos sacude a cada instante. Es este un nuevo mundo virtual, donde la realidad es tantas veces desvirtuada.
Este inocente juego de palabras sirve de virtual conducto para llegar a la real situación por la que atraviesa el australiano llevado a la fama como “el violador de los secretos de Estado”.
Julian Assange cumple pena de cárcel en Londres por haber difundido en su virtual “wikileasks” lo que un soldado ruso destinado en Irak, extrajo de las sacas virtuales de los archivos de los Estados Unidos y se lo envió para publicar. El soldado lo copió de las sacas que el gran país del norte utilizó para encriptar sus intromisiones en la vida real de otros Estados.
La causa real esgrimida para la condena a Assange en celda individual, es la acusación de “delitos sexuales” consistentes en no haber hecho uso correcto de preservativos en relaciones consentidas, con dos damas mayores de edad. Esta jugada de la “justicia”, para quienes somos del viejo mundo, no es otra cosa que la clara intención de matar al cartero. Criminalizar a quién abrió la puerta del derecho a informar. Dicho en otras palabras, coartar la libertad de expresión a cualquier precio, como ocurre en la milenaria China, donde se mantiene en prisión a un luchador por la paz, galardonado con el Premio Nóbel, distinción a la que pretenden desvirtuar oponiéndole un novedoso Premio Confucio.
Estas condenables acciones de las grandes potencias mundiales son temerosamente imitadas por pequeñas potencias y por quienes ni siquiera llegan a serlo, pero que al acceder a mínimas cuotas de poder, se sienten poseedores de la omnipotencia de reprimir por distintas vías las libertades reales de la prensa, de retacear u ocultar información sobre actos públicos y también, hay quienes no siendo mas que simples vecinos, se atreven a manipular acciones en algunas organizaciones barriales, que tanto como lo oficial, están sujetas al derecho de los puebles a ser informados.