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CACEROLAZO A LA LIVIANDAD


 (25/09/2012)-  Remitido por  NAída Graciela Schtutman y difundido por Chalo Agnelli  (“El Quilmero”)   recogimos una acertadísima reacción ante el intento de instalar un nuevo relato histórico que solo sirva para  tapar el pasado.
 Fieles al compromiso contraído en nuestra editorial de la edición numero uno de BERNAL.ES,  adherimos a este auténtico cacerolazo a la liviandad, ratificando la premisa de “transitar el presente, con la  mirada puesta en el futuro, sin olvidar el pasado...”:

90 AÑOS NO ES NADA?
Asistimos a una obra de teatro que pretende contar la historia del Nacional de Quilmes, desde su fundación en 1922. Se presentó en el cine Cervantes los días martes 18 y miércoles 19 de setiembre.
Presenciamos una serie de anécdotas de estudiantina, de inocente picardía criolla (el robo de la campana, el apagón de luz para evitar la prueba y otras por el estilo) protagonizadas por estudiantes de 5° año, y representadas a la vez por actuales estudiantes de 5° y bailes.
Más allá del trabajo y lucimiento de los chicos, sobre todo en los bailes, nos sorprendió la banalización de la supuesta historia. Pero el colmo llegó cuando, luego de ver unos hombres de anteojos negros irrumpiendo en la biblioteca y censurando amenazadoramente los libros, escuchamos decir a una voz in off que en los años 70 se enfrentaron dos ideologías opuestas mientras el resto de la población permanecía al margen, y los estudiantes continuaban con sus rutinas, sus asaltos y diversiones.
Repetir hoy en día la perimida teoría de los dos demonios, resulta sorprendente, sobre todo sabiendo que fueron numerosos los desaparecidos del “Nacio,” y reconocidos esos crímenes como de lesa humanidad. Sorprendente también porque el golpe cívico militar tuvo como objetivo la destrucción de toda organización social que fuera capaz de obstaculizar las políticas neoliberales que destruyeron nuestro país, y cuyas consecuencias todavía sufrimos, como lo es el insistentemente señalado problema de “inseguridad”.
Luego, hasta el presente, solo bailes y algunas travesuras. Nunca un debate, a esos supuestos jóvenes de distintas épocas del Nacio nunca se les caía una idea, un ideal, nunca un amor, una chica embarazada, un chico gay, un centro de estudiantes. Nunca un docente innovador.
Las menciones pedagógicas son, al principio, a la educación enciclopédica de la época, representada por autoritarios docentes tomando lección de memoria, y hacia el final, una risueña situación de una profesora en medio de una clase que no le escucha lo que pretende enseñar. Nada más. Y el Nacio contó con pedagogos lúcidos, que supieron incentivar el pensamiento crítico de jóvenes que gustaban del desafío de aprender.
Los jóvenes de todas las épocas bailábamos, hacíamos asaltos, nos divertíamos, pero también participábamos (muchos de nosotros) fuimos militantes, catequistas, integrantes de centros de estudiantes, nos preocupaba lo que pasaba a nuestro alrededor, nunca nadie más sensible e inquieto que un estudiante de 5°.
Lamentamos que para quienes idearon esta obra y quienes acríticamente participaron de ella, los 90 años del Nacio realmente son nada. La mística, el orgullo de pertenecer a una escuela con historia, difícilmente se promueva desde semejante banalización.
Ningún recorte de la realidad es inocente. En este caso ignorar tan livianamente la historia es una decisión política que nos preocupa, sobre todo porque proviene de personas con responsabilidad educativa para la formación de ciudadanos. Y perder la memoria es una debilidad que las democracias no estamos en condiciones de permitirnos.

Vecinos quilmeños.