ILUSIONES Y DISQUCISIONES EN POLÍTICAS DE ESTADO

                                                              Por Hugo Murno ( especial para el Periódico “BERNAL.ES”
(12/06/2012) -Al tiempo de ponerme a escribir esta columna, reparo en que aún faltan unos pocos días para que se decida –en las urnas—la suerte de Grecia, la suerte de millones de griegos y de la Unión Europea y su moneda única: el euro.
 Ya se sabe que a España la han “ayudado a sobrevivir” inyectándole cien mil millones de euros (100.000.000.000) para salvar a sus bancos quebrados, sumiéndola en la noche oscura de la recesión, el desempleo y el recorte en las prestaciones de salud y educación, además de la rebaja de las jubilaciones y pensiones (¿les suena?). Es música conocida por los oídos de cualquiera que viva por estos tiempos en Portugal, Irlanda y en la desolada Islandia (tan querida por Borges). El fantasma del precipicio o de la caída en el Infierno, sobrevuela Europa desde el inicio de la crisis (allá por 2008): Ni que hablar de esos mismos problemas acuciantes para los Estados Unidos, mejor dicho para la gran mayoría de los norteamericanos, desde que el colapso provocado por las hipotecas basura, desencadenaran o precipitaran esta, tal vez la más grande crisis en la historia del capitalismo.
Sabido es, con los resultados a la vista de las elecciones legislativas del domingo 10, que Francia a reafirmado su nueva postura –expresada contundentemente el 6 de mayo, cuando las urnas dieran el triunfo en las presidenciales al socialista Hollande—de que la segunda economía del Viejo Continente no iba a aceptar así como así restricciones y recortes que afectaran aún más a la población y sí que bregaría ante la omnipotente Alemania, comandada por Ángela Merkel, para que se apliquen políticas que incluyen la reactivación ec gnómica, la productividad y la creación de empleo, y no la mal llamada austeridad, que imponen con total brutalidad los componentes de la “troika”: el Banco Central Europeo (BCE), e fondo Monetario Internacional (FMI) y la Comisión Europea del UE.
Habrá que estar alertas y seguir muy atentamente los acontecimientos como siga esta historia, que tiene a otro país en caída libre en la mira: Italia, la otrora quinta economía del mundo (hoy ocupa ese lugar Brasil). Porque ese es el otro miedo que está presente detrás de la escena y que podría hacer caer todo lo logrado después de decenas de años de trabajo en pro de la unión europea, desde la mancomunidad económica hasta la enclenque unidad política, concretada en la desaparición practicamente de las fronteras internas.
Sería terrible que aquel andamiaje tambaleara aún más o cayera (si los que quieren empujar a Grecia fuera de la zona euro logran su propósito), pues eso sería el principio del fin de las aspiraciones de ir derribando las barreras mal llamadas nacionales, que han impedido hasta el presente que la humanidad sea una sola para todos los que habitan/habitamos el planeta.
Y habrá que estar alertas y seguir muy atentamente esos acontecimientos que sucedan a más de diez mil kilómetros de distancia, porque hay que tener bien presente que la Argentina no está aislada del contexto mundial ni mucho menos blindada (ni inmunizada) como para que el efecto de la crisis financiera y económica que hace rechinar las estructuras de los países más poderos de la Tierra (ya se sienten pequeños remezones en la gigantesca China) no se lleguen a sentir –y lo que es peor a padecer—en esta región. Porque es precisamente la Argentina uno de los países de Latinoamérica que han comenzado a ralentizar su gran crecimiento económico logrado en esta década, (el otro afectado es Venezuela). Es la Argentina el país qué (al igual que Grecia e Italia) ha venido disfrazando sus números (los de la inflación medida por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, INDEC, suenan poco creíbles frente a las contundencias de las cifras de las mediciones privadas o de los gobiernos provinciales), y que ha puesto trabas a la exportación e importación de toda clase de productos –que ha afectado de manera directa a la producción y que ya afecta al empleo que había crecido notablemente en el período).
El mundo es uno solo, la economía está absolutamente globalizada –nos guste o no nos guste, es así—y la historia avanza, aunque algunos personajes (léase gobernantes, líderes políticos) la quieran hacer retroceder a tiempos supuestamente mejores, idealizados, mitificados o quieran re-escribirla (a la historia) por que, ya se sabe, si se repite, la segunda vez es farsa.
Es cierto que hubo, hay y tal vez habrá países que pretenden aislarse (al mejor estilo de Albania, porque ni Corea del Norte ha dejado hasta hoy de comerciar con los mismísimos EE UU) y negar la realidad (que “es la única verdad”) discurseando un relato que no se codicie con lo que es la vida cotidiana de los que mal protestando (no es con cacerolazos, sino con el mantenerse firme en las posiciones y dar la pelea democrática) o callándose y resignándose ante los autócratas se dejan engañar y atropellar.
Las fantasías de ese tipo (“a la Argentina no la afectará la crisis”) están muy bien para la ficción literaria o el cine. Muchos han sido los autores que mostraran los efectos del negacionismo o el querer dar vuelta las cosas rescribiendo los acuerdos. Recordar sino Rebelión en la granja, de Orwell.